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octubre 16, 2011

Músico/Sin Techo


I said, "Farewell honey, I'll see you on Judgement Day
Ah, yeah, oh, yes, I slowly walked away
I said, "Farewell, farewell, I'll see you on the Judgement Day

Músico/Sin Techo


La casa de N estaba inquietantemente abarrotada.

Como la madriguera de una rata, una rata melómana, donde una colección de 200 discos de vinil era su epicentro. La gente le decía loco pero, para hacerle justicia, he de decir que aquellas ideas carecían de fundamento. Sólo porque evitaba la interacción humana y gustaba escuchar disco de Son House a las 2 de la madrugada los pueblerinos sentían el derecho de señalarle por la calle. Un bohemio en París. Un loco en el pequeño poblado de Cerro Azul.

Fue en los 70´s cuando algo pasó en su cabeza, esquizofrenia decían. Pero desde que lo conocí, a la temprana edad de 8 años, nunca me produjo temor... sino mas bien admiración. Pasaba la mitad de las vacaciones de verano siguiéndolo por las callejuelas del centro y la otra mitad husmeando entre sus discos, libros, escritos y basura.

En una mañana de 1990 las autoridades informan que una fuerte tormenta embestirá al poblado. N escucha el aviso de alarma por radio. A las 11 am sale en busca de algunas veladoras y suministros. En un hecho extraordinario avisa a uno que otro despistado sobre la tormenta que se avecina. 

Dicho temporal sigue siendo recordado como uno de los peores. N no regresó de hacer sus compras y nunca encontraron su cuerpo.

Un año después de su desaparición, curanderos/chamanes convencen a mi desconsolada abuela que la mejor manera de darle paz al espíritu de N era quemando todas sus pertenencias.

Yo no volví a pisar el pueblo. Me negué a aceptar su muerte y aun le busco en el rostro de cada indigente o músico con el que me topo por la vida. Tengo la seguridad de que esta vivo. Pensar lo contrario no tiene la mínima utilidad.


enero 24, 2011

El prologo de Max

La vida no es un problema para ser resuelto, es un misterio para ser vivido.
Anónimo

El prólogo de Max

Una vez hablando con Sofi, compañera de Max durante lo que podría llamarse "un profano invierno en New York", le pregunté porque había terminado con Max a lo que ella respondió sin chistar:

-Le dije que ya no lo amaba, pero era mentira- comentó mientras intentaba prender un cigarrillo -lo cierto es que no podía pasar una noche más con él. No, no es lo que estas pensando era ¡faaabuloooso! en la cama, pero al caer dormido comenzaban los murmullos- Sofi fijó sus ojos azules en la nada y esa mujer rubia, de 1.80, con esa elegancia como adherida a la piel, de repente me pareció desarmada.

-¿Murmullos?- le pregunte evidentemente intrigada.
-Murmuraba como si estuviera poseido, su respiración se agitaba y saltaba debido a desquiciantes espasmos. Pasé las peores noches de mi vida. Y aunque nunca he sido una mujer religiosa, tanto le amaba que fui hasta una iglesia solo para conseguir un poco de agua bendita y así echársela en los pies, pero nada pasó... bueno, un resfriado tal vez.

Al terminar su historia Sofi se levanto con la excusa de prepararme otro old fashion, pero al volver, como arrepentida de contarme la verdad de los hechos me pidió no comentarle nada a Max -Prefiero que piense que no le amo, eso casi siempre hace que los hombres me compren algo lindo.

Dos noches después aun pensaba en Max, pero sobre todo en lo que Max desconocía de su propia vida. Y aunque siendo sinceros todos estamos metidos en el mismo barco, surcando en nuestra ignorancia, sentí la inquietud de escuchar más, y fue con ese simple pretexto que comencé a redactar esta biografía.




diciembre 24, 2010

No estoy segura de que fuera navidad

 Título "Ernesto salva la navidad"


No estoy segura de que fuera navidad, pero lo parecía. 

El día había comenzado con la perdida de uno de mis dientes, pero eso no aminoró la experiencia de descubrir una nueva ciudad muy lejos de la mía. Aquello me distrajo de la idea de ser visitada por un hada cleptómana en su intento de meter la mano bajo mi almohada.

Nadie me advirtió que de vuelta al hotel encontraría las camas tendidas, la ropa en su lugar y chocolates en el tocador. ¿Qué hace todo el mundo comprando casas cuando deberían estar mudándose a habitaciones de hotel?

Tomé un baño caliente, me puse la pijama y mientras lavaba mis dientes deje caer al retrete "por accidente" un premolar de leche en un acto de precaución.

Mi madre recibió un carrito con la cena, cubierta con extravagantes tapas metálicas para conservar su calor. Mi hermano prendió el televisor, eligiendo entre todos los canales aquel donde emitían la película "Ernesto salva la navidad". Tan ligera e hilarante.

Una solo lampara iluminaba toda la habitación y tras el gran ventanal las luces de los edificios se unían con las estrellas. Aunque la ciudad no podía ser más ajena y nada nos pertenecía en ese lugar, todo lo que necesitaba en el mundo se concentró en cuatro paredes, y la noche trascurrió como la más dulce de las navidades.


diciembre 21, 2010

Memento

Título "Memento"

"Aquel aventurero no piensa en el futuro, solo presta atención en el ahora. Lo único que le apasiona del pasado es que sobrevivió a el"

-Boquita Blasfema a.k.a. Mariella 


Nora dejó de escribir sobre su vida el día que el viejo perro del vecino entró y lo destruyó todo a su paso. Una bolsa enorme con té de la india, un libro con buenas historias de J. Cortazar, una docena de fotos, entre otras cosas cuya importancia era poca, porque hasta hoy no las echa de menos. Lo que sí era digno de lamentos era su bitácora, de la que solo quedaron los aros metálicos y cientos de palabras trituradas, como si aquel animal hubiese gozado por primera vez de la carroña. Así fue como la vida descompuesta de Nora fue tragada por un sabueso.

En el momento Nora no reparó en aquella perdida, pues tras el desastre le siguió una acalorada discusión con el portero y amenazas hacia el vecino jurándole que hablaría a la perrera. Y apenas terminado de limpiar, sus parpados y ella calleron rendidos en el sofá.

Al despertar, antes del desayuno un extraño temor de perdida le asaltó, así que decidió dejar a un lado ese habito de anotarlo todo y optó por memorizar solo lo que creía valía la pena, mientras que todo lo sobrante se permitió olvidarlo. 

Las personas a su alrededor comenzaron a hablar de lo bien que se veía últimamente, un brillo de ligereza se podía apreciar en sus ojos. Poco a poco olvidó su disputa con el viejo sabueso e inclusivo, tras la extraña muerte de su vecino ella decidió adoptarlo y lo rebautizó con el nombre de Leonard Shelby. Y así fue como Nora se indujo una amnesia parcial solo para conocerse de nuevo, a partir de cero limitantes o suposiciones, lo que ella era ahora en esta ocasión no tendría nada que ver con lo que fue.



diciembre 13, 2010

Los creyentes


"The gratest escape I ever made was when I left Appleton, Wisconsin"

-Harry Houdini


Esta historia me gusta contarla, pero nunca lo hago bien.   Hace un par de años tenía la costumbre de extraviar mi cartera constantemente. La dejaba en bancas, mostradores, butacas. Consecuencia de una mente abrumada. Un día N la encontró e hizo la cosas más descabellada envolviéndola en capas y capas y más capas de periódico, para  luego echarla dentro de un bote de basura. Después me hizo buscarla. ¡Oh! como lo maldije durante toda mi búsqueda. Pero cuando terminé de desenvolverla de esa cantidad ridícula de papel, encontré además de mi cartera, un mensaje para mí iluminador. Desde aquel día N se convirtió en uno de mis mejores a amigos.

Vivimos para ser sorprendidos. Me parece que no le sacamos el debido provecho a esa verdad. Cuando presenciamos un espectáculo de magia, el prestidigitador ante nosotros tiene mucho a su favor, puesto que estamos ahí, dispuestos a ser engañados para nuestro entretenimiento.
 

Nada como sorprender a alguien y dejarle atónito. El ilusionista ni siquiera necesita poner en evidencia su autoría, de hecho el anonimato ofrece cierta dulzura. Por eso sugiero siempre guardar un par de trucos bajo la manga, para que los compartan en momentos claves, para que sean generosos. 

En cuanto al contenido de la nota que N puso en mi cartera... pues nada me gustaría mas que decírselo, pero son mayores mis deseos de que sean ustedes quienes escriban su  propia versión, palabras dulces que curen sin querer, y luego vayan a volver loco a un amigo.




noviembre 20, 2010

Día perfecto

Título "Universo en lata"


Just a perfect day; you make me forget myself. I thought I was someone else someone good (...) You're going to reap just what you sow.

-Lou Reed


Llegaste y me encontraste sentada en el comedor a media luz, con un lápiz en la mano y la hoja en blanco sobre la mesa -Pareces uno de mis personajes- me dijiste - y uno de los que no sobreviven al final - Tomaste mi mano y la besaste como siempre -Nadie sobrevive al final- te respondí, sin referirme a una de tus novelas.

Caminaste por todo el departamento tarareando esa canción de Lou Reed. Desde que te conozco eres una especie de caja musical viviente y atípica. Desde mi lugar te miré verter jugo de uva en un vaso -¿Porque hago esto?- pensé- perder tiempo escribiendo versos tortuosos cuando tú estas aquí, a unos metros, parando en la cocina, tomando jugo de uva a media luz -  Tiré el lápiz, porque siempre es un gusto tirar objetos cuando te sientes eufórico -Cariño, ven acá y cántame al oído -



septiembre 17, 2010

Eventos afortunados en medio de otros desafortunados

Título "Piñata"


En alguna ocasión la bella Michel me pidió casi llorando que sacara de su cuarto una mariposa negra, esa que también se conoce como palomilla. Con una escoba y unos cuantos gritos la saque de la casa. Lo siguiente era lograr que Michel se relajara. Estaba sentada en una silla del patio trasero. -¿Qué te pasa, porque te pones así?- -No sabes que cuando una mariposa negra entra a la casa, una personas cercana morirá- Aunque su declaración me pareció absurda, le inventé un ritual para contrarrestar el mal augurio (algo relacionado con sal y unas gotas de vainilla). Michel se mudó a la semana, pero hasta donde yo sé nadie murió aquel mes.

Hace tres días que una mariposa negra se posa en la entrada de la casa, y en una ocasión casi entra por la puerta. Al verla recordé inevitablemente a Michel y su creencia de que son "embajadoras de la muerte".

Hoy en la madrugada sonó el teléfono. Y toda llamada al teléfono de una casa, después de media noche, suelen ser malas noticias. Cosa que no aplica a celulares cabe mencionar.

Sigo sin creer en dicha superstición, pero detesto cuando una serie de eventos desafortunados y las desagradables coincidencias intentan a toda costa debilitarnos.


agosto 16, 2010

Botella al mar


Un hombre lleva a su hijo por primera vez a la playa. Con toda calma le explica que la arena difiere de una costa a otra. En algunos lugares la arena se hunde calidad entre los dedos , mientras que en otros parece que caminas sobre un brillante terciopelo. Ambos, padre e hijo pasan una tarde estupenda. El padre, tararea canciones de su juventud al mismo tiempo que toma fotografías. El niño, construye enormes murallas para escenificar batallas épicas entre sus soldados miniatura. La marea comienza a subir, y en el ir y venir de las olas uno de los soldados desaparece sin dejar rastro. El hombre con toda calma explica al niño que el mar no quita por capricho. Es mejor pensar que todo lo que se pierde siempre llega a manos de alguien que lo necesita. El niño se pregunta en silencio que pasaría si él mismo se tirara al mar ¿a dónde llegaría?. Esa pregunta perduraría en él toda la vida. Por lo pronto, padre e hijo vuelven a casa a salvo. Con numerosas fotografías. Tras solo una baja.



agosto 03, 2010

Productos genéricos


"
Afortunados los somnolientos,
pues no tardaran en dormirse.
"

-Friedrich Nietzsche




Único Acto
-Siempre el amor, siempre el error. Siempre pensando ingenuamente que hay una respuesta sencilla para cada problema- pensaba mientras marcaba uno por uno el precio de los productos.

-Con el tiempo vas aprendiendo a leer las caras- pensaba mientras cobraba dos litros de leche, una caja de macarrones y una barra de pan.

-La gente que se ve más feliz jamás compra las marcas genéricas- pensaba mientras otro cliente le pagaba en efectivo sin mirarle a los ojos.

Ahora, en todo el supermercado sonaba la música de Frank Sinatra, y por algún extraño fenómeno sonoro el pasillo tres siempre retumbaba cuando ponían a Sinatra. Su caja registradora estaba enfrente del pasillo tres.

-Otra vez la voz de un muerto- pensaba mientras no había clientes por atender - no es extraño que muchos digan que ven fantasmas. Los muertos están en todos lados, en las películas, en los libros, en la música, en la suela de nuestros zapatos. No hay momento del día en el que no los invoquemos y caminemos sobre sus cenizas.

Otro cliente más, solo genéricos, pero en medio de todos esos paquetes de colores opacos aparece un pequeño cactus en una maceta roja. Sin rebaja. El hombre le paga con un par de billetes y la mira directo a los ojos. Ella le ayuda a meter todo en tres bolsas de plástico y al alejarse, él hace un leve movimiento de mano en señal de despedida.

Deja la caja registradora -era un bello par de ojos azules - murmura para sí, mientras arrastra sus zapatos por todo el pasillo -era un bello par de ojos azules - murmura para sí, hasta que se topa con su supervisora para decirle -He visto al fantasma de Sinatra -

-Bueno- le dice su supervisora -puedes tomarte el día-



mayo 13, 2010

.Testamento de un jueves.

Asegurate que la canción de Zorba el Griego suene en mi funeral. Que mis amigos más cercanos organicen una fiesta que dure tres días y tres noches. Alguien deberá leer el poema de cuatro bodas y un funeral, mientras otro señalará mi obsesión por robarme elementos de las películas. Todo debe estar lleno de magnolias o en su defecto amapolas. Mis cenizas deberán ser convertidas en un diamante, para luego ser colocado en el collar de un hermoso gato negro. En mi lapida simbólica se leerá "Vivió para amar, y le salió bien. Buenas noche, buenos días".

abril 12, 2010

.signo de exclamación.

"Ducks"

Ese invierno no pudimos comernos a los patos... ni el siguiente. Por las mañanas me gustaba salir a desayunar al patio, solo para verlos caminar de esa manera tan graciosa. Nunca les caí bien pero yo los amé desde el primer instante. Llegué a tomarme toda una botella de lambrusco mientras les explicaba mis ideas de mundo y como pensaba revolucionarlo. Durante el verano se apoderaron de la piscina y no pudimos usarla ni una sola vez. Siempre se levantaban antes de que yo lo hiciera y cuando me fui les dije que solo iba por unos cigarros. Que puedo decir, odio decir adios (y eso que la vida no es mas que una despedida prolongada).

febrero 24, 2010

.el hacedor de fotos.

Renton Girl & Boquita Blasfema

Cuando vamos a Gandhi me gusta acompañarte a la sección de literatura universal y ver como buscas libros por el apellido en medio de la desigualdad de tamaños y colores. Siempre hay buena música, algo de jazz para ambientar la compra, por lo que se ha vuelto una costumbre que yo te jale para bailar un minuto o dos al ritmo de la música, esta ultima vez entre la A de Paul Auster y la C de Arthur Conan Doyle. Y como siempre los de Gandhi nos dejan ser.

Al día siguiente tengo la seguridad, a propósito del libro La carretera, que al llegar el apocalipsis mantendrás tu bondad. Un requisito indispensable para mi. Y mientras preparabas el café , me peino y escucho tu música rara con tambores japoneses.

Me voy y compro un maceta con tulipanes para C. Me esmero en que le pongan un papel amarillo y un lazo rosa como adorno. Camino y descubro que andar por las calles, con una maceta de flores para regalo esta en esa lista de cosas pequeñas y sencillas que me ponen de excelente humor.

Mas tarde me invitas un bagel, a ese lugar donde los preparan con manzana y atún (suena raro pero sabe bien), hablamos sobre Naranja Mecánica y por supuesto que eso lleva a cualquiera indagar sobre el uso del idioma. Volvemos y vemos algo de Allen porque nos da seguridad. Tenemos lindos sueños.

¿Ya te dije que cada día tomas mejor las fotografías?

diciembre 10, 2009

Donde nada pasa hay una pista de aterrizaje para el desastre (Parte 9)


Esa tarde de invierno era calurosa. La gente corría atareada, sudando a causa de su vestimenta ahora inapropiada. Sin embargo no había tiempo de parar. Los niños salían del colegio gritando y hambrientos de destrucción, los hombres buscaban refugio en la casa de sus amantes, mientras algunas mujeres abarrotaban los supermercados para comprar toda la comida baja en grasas posible. Yo, simplemente caminaba.

Perdí mi empleo a principios de Julio y ya había pasado por todas aquellas etapas bien conocidas: depresión, negación, ira, etc. Justo entonces atravesaba la famosa etapa de "camina por las calles sin rumbo fijo". Al ser una observadora de la exitosa vida de los demás, con sus autos, ropas con etiquetas caras y perros caniches, poco a poco comencé a notar que me había salido por completo de la carretera del mundo y que ningún Jack Kerouac podría hacerme cambiar.

A pesar de eso sonreía con superioridad al ver a las personas atoradas en los embotellamientos de tráfico. Cuando vendí mi auto para pagar las tarjetas de crédito pasaba por mi etapa de ira, así que por la noche me escabullí a casa de la mujer de pelo rojo que me lo compró y golpeé los faros traseros con el palo de una escoba. Después de eso no volví a desear tener uno porque concluí que los autos sacan lo peor de las personas.

Visitaba el café Hera un par de veces a la semana para llenarme de su olor a cigarrillo (dulce recuerdo a papá) y también para saborear la súper barata sopa de pollo con tallarines que sabía aun mejor condimentada con veinticuatro horas de estomago vacío. Esa tarde entré sin mirar a nadie, solo tomé un menú para hacerme la interesante ante la mesera antes de pedir mi sopa. Pensé en la vida que me perdía y en como se perdían los que decían tener una; en aquellas personas que se aprenden citas para sonar intelectuales y en aquellos que se escudan tras la frase "Lo vi en Discovery Channel". Recordé a un par de amistades que no sabía si habían dejado de hablarme por no haberles regalado algo en sus cumpleaños o por no tener saldo.

Dejaron la sopa en la mesa y contemplé el oleaje dentro del plato. Cada misterioso ingrediente estaba ahí, las zanahoria pálida, la papa que no sabía a papa, los tres diminutos trozos de pollo flotando, y a pesar del confort que otorga un platillo que siempre sabe igual, por primera vez en mucho tiempo sentí miedo. Y palidecí. Probablemente nunca tendré un bello perro caniche, pensé, supongo que necesitan ir a la peluquería seguido. Después de un rato mire mi reloj, la manecilla se había detenido. Era todo. Me quedé ahí viendo los tallarines enfriarse, sentada en el café Hera una tarde calurosa de invierno, acompañada únicamente por par de bolsillos vacíos. Fue cuando ví a Nora.

abril 03, 2009

.historias de acera.



Somos afortunados al vivir cerca de una funeraria. Al pasar frente a ella guardamos silencio. ¿Por respeto? ¿por reflejo? quizá por ambas. Al instante cualquier conflicto pierde credibilidad. Lo desarma. Me quedo mirando a la gente confundida. Nadie dice nada. Pienso en la última cosa que veré antes de morir, quizá el techo, aunque yo preferiría un par de ojos castaño oscuro. Lo cierto es que son mínimas las cosas que podemos elegir. Si tuviera que elegir una carta del tarot, hoy tomaría entre mis manos la número XVIIII. También viviría cerca de una funeraria siempre.

febrero 08, 2009

.Texto/Efecto colibrí.

Expo de Javier Marín (Museo de Zapopan) y yo


N
ora tenía ambas maletas atiborradas. Intentaba meter los cuatro meses restantes de su vida en una endeble caja de cartón. Pensó que ni siquiera valía la pena escribir en ella la palabra frágil.

Libros de arte, siete pleículas, dos paquetes de fotografías, colores pastel, acuarelas y una bola de billar /la numero ocho/ que había encontrado un día camino al trabajo. Era todo.

Lázaro le dijo que se mudarán juntos, que viviera con él ahora que se iba a Argentina. Eso era un "lo quiero todo" con letras mayúsculas, pero para ella el plan sencillamente no cuadraba.

Estaba convencida de la existencia de errores tan debastadores que fastidiaban la vida sin remedio alguno. El Tío Alfonso, Lucía, Mario Quiroz entre muchos otros compartían esa desgracia. Y todo por una sola mala decisión.... la linea espacio-tiempo se trasformaba tan abruptamente que te hallas viviendo en otra dimensión... y la existencia se reduce a un fallido viaje en el tiempo.

Trataba de ser susceptible a toda posible alerta. No podía quitar de su cabeza el hecho de que siempre que ella veía un colibrí y se lo decía, él al voltear nunca alcanzaba a verlo. Y esa sola desincronización era suficiente para aterrarla.

octubre 23, 2008

paréntesis

( Ruzena - continuación -

Como el ciclo de lavado iba a la mitad, a Ruzena no le quedo más que buscar aquellas viejas cajas sin desempacar de su closet. Por mucho que les temiera (años de temerles en realidad) no podía darle aventón a Nora con la fea y vieja bata que llevaba.
Sacó unos jeans extremadamente holgados y una playera negra, al viejo estilo grunge que jamás uso. No había tiempo de vanidad con Nora esperando en la sala.

Por un segundo creyo sentir algo en el bolsillo izquierdo, revisó y estaba vacío. Solo por no dejar revisó el derecho... y ahí si estaba. La nota imaginaria era real: "....."

)

Tengo problemas con este texto, porque no sé que poner en la nota... Sugerencias please, imaginen que es un
Cadáver exquisito.

noviembre 20, 2007

Aimee

Quince minutos antes de que el receso terminara, Aimee corría hacía su salón. Era común que dos o tres veces por semana utilizara el pretexto de tener que copiar alguna tarea para salir un poco antes de la cafetería, de esta manera podía lograr estar a solas con él unos minutos, lo que se había convertido en un objetivo diario.

-Hola Aimee- dijo el profesor sentado en el escritorio con su lista de asistencia entre las manos.

Aimee saludó con la mirada y se dirigió a su asiento. Sacó de su mochila una pequeña libreta color púrpura, la cual una gran cantidad de pequeños papeles entre sus páginas le daban la apariencia de estar apunto estallar.

-¿Qué vamos a ver hoy en clase?- preguntó mientras hojeaba las hojas a lo tonto.
- Si tu compañeros me lo permiten, quizá intente terminar el tema de La reforma - el profesor sacó de su maletín una carpeta, y la puso sobre el pupitre de Aimee. Su asiento estaba justo enfrente de él, por lo que ni siquiera se levantó. - Eres buena escribiendo, aunque tienes muchas faltas de ortografía.-

-Tuve malos maestro, no puede culparme- ella abrió la carpeta para ver mas de 20 correcciones marcadas con una odiosa crayola roja a lo largo de la cuartilla. -Trataré de mejorar- agregó con un poco de sarcasmo.

Para Aimee el tiempo pasaba lento, una sensasión de asfixia comenzaba a marearla. Desde que entró a la secundaria, las constantes pláticas de 5 minutos con su profesor (ahora oficialmente su favorito) la tenían en un torbellino emocional. Magali le había dicho un par de veces que él la veía prolongadamente durante los exámenes mensuales. Gracias a que ella era lo que se catalogaría como una estudiante mediocre y con bajos niveles de concentración, podía darse el lujo de crear historias fantásticas alrededor de todos los personajes de su vida, entre ellos la escéptica Aimee. Sin embargo, fue Magali la que la convenció de darle el boletó el viernes pasado. Ese fin de semana fue el más largo de toda su vida, pero ahora nada en el profesor parecía haber cambiado.

Ambos guardaba silencio, la privacidad del último piso a la hora en que todo sano adolescente disfruta de las papas con refresco, les ofrecía una privacidad ahora incomoda. Habitualmente ambos conversaría sobre algun libro o las historias que ocurrian entre el alumnado. Ella solía reír bastante mientras él asentía relajado desde su asiento ligeramente mas elevando. Pero hoy no era ninguno de esos día. Aimee hizo lo más obvio de su parte sacando su ipod. Centró su mirada en la libreta, llena de boletos de autobus, la mayor parte de ellos colocados aleatoriamente entre las páginas donde se podían leer letras de canciones y anotaciones de la clase "querido diario". Pero era al final donde estaba su verdadero tesoro. Hasta ahora había recaudado 44 boletos de autobús cuya numeración (que en realidad se usa como folio) sumaban mágicos veintiunos. Y era bien sabido por cualquiera en la escuela, que el poseedor de un 21 puede exigir un beso del quien más se le apetezca, cosa que Aimee jamás había tenido el valor de hacer, hasta hacia tres día.

A las cinco para la una, su contemplación fue sacudida cuando su boleto numero 45 calló desde mas arriba de su cabeza agachada. Enfrente de ella el profesor la miraba con las tres arrugas de su frente marcadas al máximo.

-Una vez me explicaste que era esto... pero quiero saber porque me lo haz dado a mi- ahora él bajaba al nivel de ella para mirarla a los ojos.

-Se trata de un beso solamente - dijo en tono ecuanime mientras sus zapatos golpeaban contra el suelo.

-¿Haz besado a alguien alguna vez?- le preguntó

-No, y tú... ¿Haz...- Aimee se detuvo

-¿Qué? Dime rápido que no tardan en llegar tus compañeros-

-Y tu... a tu edad... ¿Haz besado una de trece años?-

Era la una en punto cuando el timbre sonó, señal para que los alumnos se agruparan en filas, ordenados por grupo y estatura para entrar a sus salones. Justo antes de que dejará de sonar, las mejillas de Aimee eran sujetadas por el profesor quien humedeció sus labios antes de besarla con la ansiedad natural de un treinteañero ante una virgen. Ella cerró los ojos. Él instintivamente bajó sus manos para tocar algo de su pierna desnuda bajo la falda.

El beso fue rápido, lo suficiente para que Aimee corriera a tomar su lugar que le correspondía en la fila. Magalí estaba ahí, justo detras de ella, aunque midieran la misma estatura.

-¿Te besó?- le susurro al oido.

-No, yo lo besé- le contestó Aimee, mientras comenzaba a sentir un sabor extraño en la boca- aunque no tiene un buen sabor.

-Es por la edad. Es por eso que te dije, que los hombre mayores no tienen chiste-

...

agosto 01, 2007

Donde nada pasa hay una pista de aterrizaje para el desastre (Parte 8)

Como el ciclo de lavado iba a la mitad, a Ruzena no le quedo más que buscar aquellas viejas cajas sin desempacar de su closet. Por mucho que les temiera (años de temerles en realidad) no podía darle aventón a Nora con la fea bata que llevaba.
Sacó unos jeans extremadamente holgados y una playera negra, al viejo estilo grunge que jamás uso. Con Nora esperando en la sala, no había tiempo para la vanidad.

Por un segundo creyo sentir algo en el bolsillo izquierdo, revisó y estaba vacío. Solo por no dejar, revisó el derecho... y ahí si estaba. La nota imaginaria era real.


" No te veo enfocada, no detecto las cláusulas en tus párpados,
hasta parece que tu cuerpo se disfraza de cotidiana dulzura,
¿pero sabes que?... no le creo al mundo tanta suerte.

No le creo al desierto su desconsuelo, ni al mar ese insólito deseo.
Son tus aliados. Actos naturales de infinita malicia.

Dulce malicia. justificada.

Y pensar que tu cuerpo era tan bello... tan lejano y bello"

abril 02, 2006

Paréntesis. Mariella Girl en el diván

[Caminé sin sentido durante varios días, antes de decidir volver a la terapia. Cuando llegó el día de la tan esperada consulta me puse un vestido azul, para que el Dr. Freud tardara un poco en reconocerme…al menos]

- En verdad, no pensé que tendría que volver a verlo algún día Dr. Freud…(suspiro)… desde aquel día que andaba pidiendo a desconocidos que mordieran mis labios, y que usted me atrapó-
-Eso fue solo un accidente, las personas que sufren su padecimiento suelen pensar que si cometen acciones fuera de las normas sociales conseguirán escapar de sus temores-
-¡Y funcionó! pero… han vuelto Dr. Freud… esos sueños-
-Cuénteme de ellos-
- Estaba vestida con un uniforme de enfermera de la segunda guerra mundial, sin embargo era una batalla sanguinaria entre confederados y nazis la que acontecía-
-Interesante, aparentemente su subconsciente desconoce la historia-
-¡Déjeme terminar!... estaba vestida de enfermera, pero no solo eso, sino que tenía a mi cargo a dos heridos uno era Martin Scorsese, el otro…-
-El otro… ¿Quién era el otro Srta?-
-No importa, la cosa es que solo tenía para salvarlos una botella de ginebra, un corta uñas y un libro de Guillermo Fadanelli, así que comencé a llorar…-
-¿Quién era el otro paciente Srta? recuerde que cada detalle es fundamental para su tratamiento-
-..Espere, aquí viene la mejor parte, de pronto descubrí que mi uniforme tenía una etiqueta de renta… ¿Entiende eso?... mi uniforme era rentado ¡era solo un disfraz! Así que como había descubierto que no era enfermera, los deje ahí… a los dos. ¿Qué quiere decir?
-Aparentemente usted quiere desprenderse de la escenificación más grande de su vida: Su propio ser. Aparentemente su super yo pasa por un periodo de cansancio absoluto y pretende escapar a través de mensajes oníricos ¿Entiende? -
-…......-
-Bueno, creo que comenzaremos con el Prozac de nuevo-

marzo 25, 2006

Donde nada pasa hay una pista de aterrizaje para el desastre (Parte 7)

Después de vestirse rápidamente, Ruzena abrió la puerta sin idea alguna de quien podría estar tocando.

-Hola… ¿te puedo ayudar en algo?...- Ruzena miro inquisitivamente a la chica que tocaba la puerta-… tu eres… No me digas, se quien eres-
- No, no sabes quien soy, solo me has visto un par de veces y no es lo mismo-
-Bueno, si te he visto…. ¿No eres la chica del estanquillo?-
-Si, como sea… te traje tu estupido Blesk-
-¿El Blesk? No entiendo, jamás he solicitado el servicio a domicilio-
-Pues jamás lo has solicitado porque no lo tenemos, es cortesía del Sr. Olivares, como no has ido por el en dos días me envió a espiar a tu casa con el pretexto de traerte el Blesk-
-Vaya, eres discreta…-
-Es la verdad, toma tu Blesk que tengo una vida que atender-

Ruzena vio el cuerpo delgado y pálido de la chica, una cicatriz le atravesaba el brazo y sus uñas estaban mal pintadas…en ese momento Ruzena deseo ser otro tipo de mujer, mas que otro tipo de mujer, deseo ser más joven, como ella. Tener a donde ir después de pasar el día lavando la ropa, dejar de quejarse por todos sus errores, minimizarlos, olvidarlos.

-Oye espera, te voy a dar una propina-
-No te preocupes, déjalo así-
-Bueno, al menos dime como te llamas-
-Nora-
-Que hermoso ¿Sabes que se significa?
-Mmm…No tengo idea, suena como a algo frutal… de todas formas no creo que importe tanto-
-Claro que importa, los nombres son como estigmas que nos mantienen marcados de por vida-
-¡Eso suena horrible!-
-Eso decía mi madre que también se llamaba Ruzena-
-Entonces tu madre te estigmatizo con su propio estigma-
-Tienes razón, son tonterías-

Ambas guardaron silencio, Nora porque ya no le parecía tan mala la idea de la propina y Ruzena por miedo a decir algo que la ahuyentara.

-¿Para donde vas? Porque yo voy de salida y te puedo llevar- mintió Ruzena finalmente
-Voy para el centro, a un café-
-¿Vas al café Hera?
-Si… ahí trabaja mi hermano y mi "Cerati"…- Nora bajo un poco la mirada, ni siquiera estaba tan conciente de lo que salía de sus labios.
-¿Tu "Cerati"? ¿Que es eso?-
-Nada, nada- rió sosamente- así le digo al chico que trabaja ahí… digamos que en todo el mundo no hay quien me ignore más encantadoramente… ja, soy una idiota.
-¿Estas enamorada de él?
-No, pero si el me lo permitiera, seguramente lo haría-