abril 03, 2009

.historias de acera.



Somos afortunados al vivir cerca de una funeraria. Al pasar frente a ella guardamos silencio. ¿Por respeto? ¿por reflejo? quizá por ambas. Al instante cualquier conflicto pierde credibilidad. Lo desarma. Me quedo mirando a la gente confundida. Nadie dice nada. Pienso en la última cosa que veré antes de morir, quizá el techo, aunque yo preferiría un par de ojos castaño oscuro. Lo cierto es que son mínimas las cosas que podemos elegir. Si tuviera que elegir una carta del tarot, hoy tomaría entre mis manos la número XVIIII. También viviría cerca de una funeraria siempre.

3 comentarios:

Dionisio Valderrama dijo...

Me gustan los cafés de las funerarias... normalmente están abiertos toda la noche

pepitoesbiencool dijo...

vaya, me puso triste lo de los ojos castaño oscuro... y no sé, personalmente preferiría que fuera al revés, que los ojos castaño oscuro me miraran a mi.

:) saludos!

Rogelio Baillères dijo...

¿Será lo mismo vivir alado del pantion? Quien sabe, yo en realidad aprecio la muerte desde una perspectiva distinta, menos folklorica pero mas acogedora.