abril 03, 2009

.historias de acera.



Somos afortunados al vivir cerca de una funeraria. Al pasar frente a ella guardamos silencio. ¿Por respeto? ¿por reflejo? quizá por ambas. Al instante cualquier conflicto pierde credibilidad. Lo desarma. Me quedo mirando a la gente confundida. Nadie dice nada. Pienso en la última cosa que veré antes de morir, quizá el techo, aunque yo preferiría un par de ojos castaño oscuro. Lo cierto es que son mínimas las cosas que podemos elegir. Si tuviera que elegir una carta del tarot, hoy tomaría entre mis manos la número XVIIII. También viviría cerca de una funeraria siempre.