El cielo de hoy daba miedo, había nubes embarradas por todo el cielo como nutella gris. Un mensaje del Sr. Robert Smith me levantó por la mañana, y pasé dos horas escuchando noticas medio reales/medio ficticias en la radio.
Después me conduje en tren ligero hacia el mercado, ese caótico lugar donde por un lado hay ropas, zapatos y programas de computadoras piratas y por el otro cabezas de vaca, patitas de cerdo y otras atrocidades.
En 30 minutos el collar de corazón-guardapelo con la foto de Greta pudo arreglarse, di una moneda al hombre estatua del centro y calendaricé un trip importante. Al atardecer me puse mi gorro peruano para ir al supermercado y de paso meditar por las calles ascetas y sombrías de un noviembre tapatío. En resumen los gorro peruanos son la onda ayer, hoy y siempre.
Después me conduje en tren ligero hacia el mercado, ese caótico lugar donde por un lado hay ropas, zapatos y programas de computadoras piratas y por el otro cabezas de vaca, patitas de cerdo y otras atrocidades.
En 30 minutos el collar de corazón-guardapelo con la foto de Greta pudo arreglarse, di una moneda al hombre estatua del centro y calendaricé un trip importante. Al atardecer me puse mi gorro peruano para ir al supermercado y de paso meditar por las calles ascetas y sombrías de un noviembre tapatío. En resumen los gorro peruanos son la onda ayer, hoy y siempre.